Es tan curioso, la enorme felicidad que sentía cada vez que me llegaba una carta suya y la profunda tristeza que me entra ahora la releerlas...
A veces pienso bahhh si ya le estoy olvidando... y una polla.
Mis amigos me dicen: cuando pases de el vendrá detrás tuya, ya verás.
Pues no le llamo, no le escribo, a penas le veo, y no viene... y sigo esperando a la nada, lamentándome por cómo me comporté yo con él al principio, recordando los buenos tiempos, las sonrisas, las miradas, los besos a través del cristal, los domingos comiendo sola en el Rodilla de Conde de Casal para poder verle 40 minutos, la gran ilusión que teníamos todos en el viaje de ida, y el enorme vacío que teníamos en el viaje de vuelta, parar en esa gasolinera de la A-3 a comprar comida ya de noche todos en silencio y encontrarnos allí a gente que habíamos visto hacía unos minutos; hasta lo más triste de esos momentos me parece algo feliz....
Ahora sólo queda la nada.
La nada y sus cartas.
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